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Terra
La Coctelera

Categoría: Por derecho

Guía del buen paparazzi

... o sobre la conveniencia de fumigarlos a todos
- Una persona intenta suicidarse. No lo consigue. Dos días después, otra persona lo mata. ¿Debe quedar exento de responsabilidad penal el asesino porque el suicida había dispuesto de su derecho a la vida con anterioridad? (art. 15 de la Constitución española, que garantiza el derecho a la vida; arts. 138 y ss del Código penal, del homicidio y sus formas).

- Un sujeto viola a una prostituta. ¿Debe quedar exento de responsabilidad penal el violador porque la señorita ha dispuesto en otras ocasiones de su libertad sexual? (art. 15 de la Constitución española, que garantiza los derechos fundamentales a la integridad física y moral; arts. 178 y ss del Código penal, del los delitos contra la libertad sexual)

Me imagino que la respuesta a ambas preguntas está bastante clara. Debe ser NO, por supuesto. Nadie se atrevería a mantener lo contrario, al menos en público -por eso de la corrección política y moral y todo eso-. Es hasta absurdo plantearse cuestiones así... tan evidentes.
Ahí va otra pregunta:

- Una persona vende la exclusiva de su boda. ¿Puede un paparazzi, desde ese momento, permitirse la licencia de esperar veinticuatro horas al día, cada uno del año, en la puerta de su casa, cámara en mano, porque el famosillo ha dispuesto en una ocasión anterior (o dos, o tres o las que ha querido) de su derecho a la intimidad? ¿Tiene carta blanca para acosarle a la puerta del restaurante, para grabarle a hurtadillas en una discoteca mientras se morrea con un/a muñeco/a hinchable? ¿Tenemos los españoles derecho a saber cuantas veces se cambia de bragas la famosa del momento? Que Buenafuente presente un programa de televisión ¿autoriza a cualquier impresentable a fotografiarle, a escondidas, cuando disfruta de sus vacaciones como el resto de los mortales?

·Art. 18 de la Constitución Española.- Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.
· Arts. 197 y ss del Código Penal.- Delitos contra el honor y la intimidad.
· Ley orgánica 1/1982, de 5 de mayo, de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar, y a la propia imagen.

En cuanto al derecho a la información, del que hacen tanto alarde ignorante los casposos pseudoperiodistas del corazón, maleducados y sinvergüenzas, nos permite saber si Julián Muñoz va a ir a la cárcel y porqué. Y ya está. Todo lo demás es vulnerar su derecho a la intimidad personal. Conocer cuántos coitos semanales lleva a cabo el susodicho con su amada Isabel debe quedar fuera del dominio público.

No sin mi perro

La Audiencia Provincial de Barcelona niega a un hombre la ejecutoriedad del derecho a visitar al perro de su ex mujer.

El Juez de Granollers, que conoció del asunto en primera instancia, le dió la razón al marido despojado de mascota basándose en la vigencia del pacto que supone el convenio regulador y la obligación de que el mismo se cumpla. En caso de no hacerlo, habría que imponer un regimen de visitas.

Cuando el litigio llega a la Audiencia Provincial, se plantea si realmente existe un derecho de visita y como preludio explica que es importante resolver este tipo de cuestiones en tanto que no son meras frivolidades por parte de quien no tiene más preocupación en su vida. Que si buscamos la raza del perro en Internet (sic.), Golden Retriever, podemos comprobar cuán apreciado es el susodicho animal, "su enorme valor económico, y el inestimable aprecio que generan a sus poseedores, por sus cualidades de lazarillo, de acompañante de personas que viven solas, de auxiliador en catástrofes, de colaborador en la caza o en las tareas agrícolas y ganaderas", dice el Auto dictado por su Señoría. Cada vez resulta menos insólito que en los convenios reguladores o reparticiones de herencia se incluyan disposiciones a favor de los animales por parte de quienes los han cuidado y han disfrutado de su compañía.

De todas formas, y centrándonos en el meollo jurídico de la cuestión, la Audiencia revoca la resolución del Juzgado de Primera Instancia de Granollers y lo motiva diciendo que si bien las cláusulas morales y de buenas maneras "no tienen por qué excluirse de los pactos concertados por las partes, éstos carecen de trascendencia jurídica, precisamente por la imposibilidad de su ejecución".

En lo que respecta al derecho de visitas a un animal los pactos sobre la tenencia y la responsabilidad de cuidado deben ser precisos y delimitadores de la voluntad real de las partes. Argumenta el Juez que "la ejecutabilidad de un pacto que contenga el compromiso de la ex esposa de que dejará al ex espeso pasear al perro que ambos cuidaron cuando convivían, es ya una entelequia en sí mismo. Acordar un "derecho a visitar", es todavía más impreciso, puesto que significa propiamente acudir a la residencia donde habita alguien, para permanecer un período de tiempo en su compañía, obviamente no de la ex mujer no del ex marido, sino del perro. La realización de la visita, por supuesto, no excluye la vigilancia del dueño, por una parte, ni incluye el contacto con el animal, ni tampoco la posibilidad de sacarle a la calle, pues ello conllevaría une relación de confianza entre el visitador y el propietario que no es usual entre ex esposos, Las estancias libres del perro con el tercero no dueño o poseedor habitual, como las que prevé la juez de primera instancia en el auto que acuerda la ejecución, implican determinados riesgos para el animal, como los derivados de los contactos con otros perros, y para terceros a quiénes puede dañar, que habrían de ser asumidos, en definitiva, por si dueño, tal como establece el artículo 1.905 del código civil".

No cabe, por tanto, la ejecución forzosa sobre el régimen de visitas del perro.

Con la venia

Hoy tenía en mente romper una lanza en favor del Juez Grande-Marlaska. Y he encontrado un artículo estupendo que me ahorra el trabajo de tener que pensar cómo escribir mi modesto homenaje a su señoría. Así que suscribo las palabras del periodista Jorge Bezares.
He aquí: El juez valiente

[...] "El magistrado fue tan sincero sobre sus últimas actuaciones contra Otegi y cía que se mostró profundamente molesto por los gritos de apoyo que, desde el otro lado de la Audiencia, recibía del niñaterío de la extrema derecha, que quiere convertirlo, en contra de su voluntad, en una especie de icono del añejo fascismo español. Resucitados por el Estatut, Carod Rovira y la proliferación de vendepatrias y alentados por predicadores mediáticos, el místico líder de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y Acebes descentrado, estos cachorritos del franquismo muerto y enterrado -al menos eso creíamos los demócratas- estaban encantados con el buen juez hasta que dijo que tenía marido. Además, tate, es vasco y su pareja le susurra "te quiero" en euskera, la lengua de Arzalluz, por el amor de Dios. Grande-Marlaska debe estar tranquilo: a la primera sentencia que no les guste garantizo que estos descerebrados, que no dejan de ser una fotocopia en negativo de otros descerebrados de la Patria vasca, le van a poner a caer de un burro. ¿Se imaginan qué será lo primero que le dirán desde la acera de enfrente de la Audiencia? Es muy fácil, pero no vayamos a darles pistas, no abramos la sobremesa española de pura cepa.
Mientras tanto, espero que el resto sepamos valorar la valentía personal de un juez que, posiblemente en uno de los momentos más delicados de su carrera profesional, conjuga una labor judicial intachable con un compromiso personal arriesgado aún en los tiempos que corren.
Este magistrado es de fiar. Y, como ustedes comprenderán, no es porque haya declarado que es homosexual, eso no añade ningún valor a su carrera profesional. Grande-Marlaska está demostrando auto a auto que la independencia de la Justicia todavía es posible. En su último auto prohibió una manifestación del entorno de ETA sin el respaldo de la Fiscalía, y semanas atrás no mandó a la cárcel a Otegi cuando el frente antinegociación lo daba por hecho. En fin, como decimos por estas tierras, Grande-Marlaska es un tío que se viste por los pies, un señor juez felizmente casado con otro señor"

Mi primera vez

... o Diario de un Letrada frustrada

No ha dolido. Pero me he quedado en blanco y sólo he acertado a asentir con la cabeza. Enhorabuena, ya has ganado un pleito, me ha dicho Edilman. Si él supiera... Vaya mierda de juicio que me ha salido. Vista mi cara de pánico, la juez podría haber sido más benévola.
Todavía tiemblo de nervios. Y no estoy nada satisfecha. No estoy segura de servir para esto.
En fin, experiencia para mi vida.

Silencio en la Sala

Edilman dejó la toga encima de la silla. Ya he hablado con el juez, me dijo, y no pone objeción a que te quedes en mi lugar. No te preocupes, no tienes que hacer nada. Y estuve sentada durante horas delante de aquellas nueve caras -y dos suplentes- que se habían acostumbrado a verme al fondo de la sala. Con mi metro sesenta, mi flequillo de dibujito manga, mis vaqueros caídos, la camisa escotada y de mangas fruncidas, y la gran toga negra de Edilman. Rodeada de señores Letrados, rigurosamente encorbatados y engominados, de mirada altiva, y discutiendo con Su Señoría sobre cuestiones formales. Todo tan políticamente correcto.
Estuve durante horas observando cada detalle desde una silla de despacho, con ruedas, que movía de un lado a otro, posición privilegiada, como en el palco presidencial de un campo de fútbol, como en la primera fila de un teatro o en la última de un cine. Los gestos, las manos, las miradas, las muecas, los sudores, los temblores. Estudiando las nueve caras -y dos suplentes- que, durante los primeros minutos de la segunda parte, me examinaron a mí con curiosidad. Sin entender, quizás, porqué había pasado del último banco a tan pocos metros de ellos, porqué me sentaba ahora entre dos sobrios y circunspectos abogados -yo tampoco acaba de apreciar la obligatoriedad de mi presencia allí-.
El militar, levantaba una ceja y sostenía mi mirada.
La ama de casa repetía experiencia.
La maruja de la esquina izquierda, la rubia, no paraba de cotillear con el chico de los ojos verdes.
El chico de los ojos verdes intentó ligar conmigo días antes en la puerta. Lástima que fuera uno de ellos.

(Señor Letrado, perdone la interrupción. Pero tenemos que cambiar el CD... Continúe. Gracias.)

La ingeniera, volvía la cara hacia quien hablaba en ese momento si la sorprendía mirándome y ponía gesto de prestar la más absoluta e incondicional atención a las calificaciones.
El tendero parecía escuchar y entender de verdad.
La estudiante de quinto año de derecho se aburría cual cangrejo en un cubo de plástico, y asentía convencida, frunciendo el ceño, cada vez que alguno de los abogados decía “a vuestra portavoz no debe escarpársele este importantísimo detalle de carácter procesal...”. Se le escapaban. No se le escapaban.
El funcionario tomaba notas encarecidamente.
La de la esquina derecha mascaba chicle para toda la sala. Y pescaba atunes en vez de pensar el veredicto.
Y los dos suplentes, claro.
El jurado popular.

Derechos ¿humanos?

Uno de mis defectos es que me cuesta horrores acabar lo que empiezo. Me aburro. No puedo evitarlo. Así que siempre tengo varias cosas que hacer, varios libros a medio leer y una agenda llena de asuntos pendientes. En realidad me gusta ir alternando.
Pero hoy he descubierto, para mi alivio, que no soy la única.
Nuestros políticos aún no han conseguido que se respeten derechos tan básicos como el trabajo o la vivienda digna y ya están pensando en otorgarles derechos humanos a cierta clase de monos -¿llamar mono a un simio es racista y discriminatorio, políticamente incorrecto?-.
Que a los animales no se les tiene que maltratar es algo que, hoy día, no admite discusión. ¿A quién no le falta tiempo para llamar degenerado a un nota que apalea a una foca? Pero de ahí, a reconocerle derechos...

Mi hermano bromeaba esta mañana. ‘Ahora voy a una empresa a demandar trabajo y me dice el jefe: lo siento, hemos contratao al mono’. Y en los campos de fútbol... cada vez que alguien insulte a Eto’o, no sólo aparecerá indignado él en las noticias de las tres, sino que se liará parda en la PPS (Plataforma Pro.Simio). Y por supuesto, olvidémonos de ver monos en el zoo... Ni pensarlo.

El gobierno esta vez se ha pasado de progre. Y es que derechos humanos no es sólo vida e integridad física, que también. Pero no sólo. Y que evidentemente debemos respetar a los animales. Repito. No a los monos. A todos los animales –no sé... cuestión de principios y de humanidad—. Sin embargo, aún hay personas que ven violados sus derechos cada día; derechos que, por lo visto, creemos tan básicos y efectivos que ya pensamos en los chimpancés y los gorilas.

Derechos humanos son también los derechos civiles: el derecho al matrimonio, la libertad de expresión, religiosa, de reunión, de huelga, derecho a la educación, a trabajar, a la intimidad, derecho a participar en la vida política... ¿veremos a un gorila de presidente antes que a una mujer, a un gay o a un negro?

Además, ¿por qué sólo a los gorilas, orangutanes o chimpancés? Qué pasa con los mandriles, los tamarinos y los titíes. Empezamos bien: quebrantando el derecho a la no discriminación por motivos de raza.

Siento mi incredulidad. Pero la expresión ‘derechos humanos’ creo que está de más. Con todo lo que aún nos queda por avanzar... y respetar...

Al final va a resultar que no andaba tan desencaminada.

La palabra más bella (II)...

... esta vez del Derecho. Lo propone Javier Muñoz:

¿Cuál es la palabra o expresión más curiosa, singular o extravagante, ya sea por su belleza o por su fealdad, del lenguaje jurídico? Ahí van unas cuantas: putativo, comoriencia, enfiteusis, comodato, tácita reconducción, fungible, careo, traslaticio, bienes mostrencos, ológrafo, fedatario, vis atractiva, litisconsorcio, parafernales, citación de remate, fideicomiso, dicente, preterintencionalidad, justiprecio, fehaciente, nudo propietario, quita y espera, resaca, dolo y codicilo.

Consuetudinario. Sinalagmático. Usufructo. Litispendencia. Sobreseimiento. Allanamiento. Usucapión. Tanteo y Retracto...

Que maravilla...

Delincuentes

Lo normal, así a bote pronto, prima facie, es asociar la palabra delincuente con el yonki que roba bolsos a ancianitas, con el pederasta de cara sádica o el malvado asesino en serie, y con Mario Conde –por eso de que robó mucho dinero y salió moreno de la cárcel-. Es lo que llama la atención y provoca alarma social y todo eso... La palabra delincuente tiene... como connotaciones peyorativas.

Desde el autobús, poco antes de llegar a mi parada, lo he visto subiendo la calle, caminando hacia su tienda. Es grandote y torpón, con gafas. Se traba cuando habla. Tiene la apariencia adecuada para que cualquier anciana de la ciudad le pida ayuda para cargar con las bolsas del supermercado. Y se muestra indignado y sorprendido cada vez que le requieren del Juzgado. Requerimientos a los que responde él mismo contestando cosas que ha escuchado de su abogado. Campanas no sabe dónde.

Lo miras detenidamente, y piensas que no puede ser, que la palabra delincuente parece venirle demasiado grande.

Pero no. La enemistad enfermiza y perturbadora que tiene con su ex·compañero nos está volviendo locos. Cada vez que llama por teléfono nos echamos a temblar –y ahora, ¿qué?-. Y ya lleva en la mochila una multa por lesiones; una apropiación indebida de la que consiguió escapar; una pena privativa de libertad de año medio suspendida por ser la primera, por robo en el local del susodicho compañero; un procedimiento por un delito contra la Administración de Justicia –denuncia falsa-, un intento de estafa al seguro, otro procedimiento por piratear los softwares en su cyber·café, y otro más por abrirle y cotillear la correspondencia al martirizado compañero.
Suma y sigue.
Quién lo diría. Que no todo en esta vida son tirones de bolsos.